26 ago. 2012

Lo que quede

- No, Jorge, no. Nuestros nietos no vivirán mejor, pásame el alicate. Puede que el futuro sea mejor pero los beneficios de la ciencia no se van a repartir entre todos. Nuestros nietos no lo verán, ese no, el rojo. A lo mejor sobrevive alguno pero, en general, los que disfrutarán ese mundo serán los descendientes de los ricos, que ya no se acordarán de los que se hayan quedado en el camino, ¡puto alambre! ¿O acaso nosotros nos acordamos de todos los pueblos masacrados en el pasado cuando alabamos el progreso actual? Ya está. ¿Cuántas hambrunas han cribado la población hasta hoy?
- No te explicas, Paco, eso pierde aceite.
- Será la junta. La cosa es fácil. Casi todos vivirán más y mejor, pero no serán nuestros tataranietos los que lo verán, habrá que cambiársela, a ver si luego quiere pagarla. ¿Qué crees que podemos hacer nosotros con lo que ganamos trabajando? Podemos disfrutar un poco de tiempo libre y creer que vivimos bien, la llave del doce, pero tú dices que si te salen gemelos uno tendrá que ir en pelotas porque no te llega el sueldo. En cambio si fueras rico, podrías tener una docena de hijos ¿no? Esto no sale.
- ¡Buff! No me gustaría. Mi abuelo tuvo catorce y la mitad le salieron alimañas que casi acabaron con él y con la abuela, ¡hala!, salpica más. Cuando aquello los hijos eran una ayuda pero ¿ahora? Es mejor tener un par de ellos pero bien criados. De estas no tenemos, habrá que pedirla.
- Y eso no es todo. Aunque tengamos nietos, no tendrán acceso a las curas contra la vejez, ¡puta tuerca! A ver si me explico. Los descendientes de los ricos actuales serán casi inmortales y libres de trabajo. Tendrán cualidades especiales porque la medicina ya no sólo curará sino que podrá mejorar la herencia genética. Pero será exclusiva, mira a ver allí, será cara, y a los demás ¡que nos den! Dame un poco de grasa, a ver si así la suelto de una vez, y para ellos la historia habrá sido sobre todo un progreso porque habrá conducido a su paraíso terrenal.
- Toma. ¿Inmortales? Tú deliras. ¿Dónde hay trapos? Hay quien dice que uno se reencarna en descendientes lejanos. Tardará unos días en llegar. ¿Te imaginas que no te mueras, y que luego te encuentres contigo mismo cuando nazca un tataratataranieto? Oye, ¿y si le ponemos esta?
- No creo que se dé cuenta, está casi nueva. Eso son patrañas. Además tú no lo conocerás. ¿Qué crees que harán con los nuestros? Con máquinas serviciales para todo, la mayoría no será más que un estorbo consumiendo los recursos naturales que queden. Ya se encargarán de engañarles, o de que que sean estériles. Límpiala un poco. Pero no te preocupes que tú no te encontrarás contigo mismo en el futuro. Ya vale. Lo que quiero decir es que la humanidad no evoluciona en conjunto sino que se sigue seleccionando como en la selva.
- Pues van a sobrevivir los más cabrones, bueno, con tu permiso.
- ¡Eh! ¿Qué has querido decir con eso? ¡Que lo de la junta vieja ha sido idea tuya! Además yo no puedo elegir. Aquí el que no corre vuela. ¿No ves que nos condenan a ser listillos? El que no roba no aguanta ni dos días en el negocio. Es un mundo de locos cabrones. Por eso el que sobrevive es el más cabrón. Y los más ricos y poderosos, son los más cabrones de todos. ¡Puta tuerca de mierda!... ¡aahg!... ¡Ahora! ¡Joder!. Cuanto más tienen más quieren. Como en el Monopoly.
- O sea, lo que yo digo. Que los mejores nos moriremos de asco.
- No. Nos moriremos distraídos como niños con la dichosa tele.
- O en el campo de fútbol, de un infarto.
- ¡Eh! Menos guasa. Del partido del otro día ya hemos hablado bastante.
- No si está claro.
- Lo que está claro es que no ganan los buenos. Aquí manda el dinero y la indiferencia. Cada vez más. Y los que queden en el planeta serán los psicópatas más avariciosos que haya dado el mundo. Coge esto. No se evoluciona a mejor. ¿Entiendes? En el futuro habrá lo que quede.
- Y nosotros somos lo que ha quedado hasta hoy.


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10 ago. 2012

El daño elegido

En España los partidarios del mercado libre global han vuelto ha sacar su bandera de conveniencia local. Muchos inmigrantes que contribuyeron al crecimiento económico y a los beneficios empresariales de la última década ahora deberán pagarse su sanidad. Una vez más se carga el déficit público que nos ha dejado nuestro modelo de empresario-burbuja-rescatado sobre la parte más vulnerable y sacrificada de la población. La cobertura sanitaria se ha convertido en el nuevo tesoro hundido en el Antlántico que hay que disputarse, (como aquel por cuya titularidad se litigó en los tribunales internacionales, como si los tripulantes del galeón que lo transportaba no lo hubieran robado allende el océano).

Pero hay otra solución más razonable si se quiere contentar a los de “lo nuestro para nosotros”: podríamos decidir que la sanidad de los inmigrantes sea pagada por las empresas españolas que aprovechan las ventajosas condiciones comerciales impuestas a las poblaciones de origen de estas personas. Por ejemplo, que a los inmigrantes marroquíes les pague la sanidad el afortunado lider de Inditex, que tanto provecho saca a su presencia en Marruecos, entre otros capitalistas patrios. Si queremos ponernos rigurosos, realmente hay muchas facturas pendientes con los ciudadanos de otros países: acaparamiento de tierras y recursos naturales a precio de saldo, financiación a tiranos represores o a políticos corruptos, opaca venta de armas a facciones en conflicto, esclavismo, devastación ambiental lejana, etc., etc.

Por supuesto, la pretendida rectitud para que nadie se aproveche del sistema sanitario no es más que una hipócrita apuesta por la avaricia más injusta y cicatera. No es necesaria esa medida pero forma parte de la política de exclusión que tanto les gusta manejar a los partidarios de la represión económica como forma de control social. Siempre tiene que haber marginación y ciertas diferencias entre los pobres para favorecer que estén entretenidos peleándose entre ellos. 
Los juegos de identidad son muy apropiados para provocar esos enfrentamientos de distracción. Entre tanto es asaltado el erario público para rescatar a banqueros por cantidades incomprensiblemente superiores a lo ahorrado en sanidad o en ayuda al desarrollo, (un asalto legal, faltaría más, puesto que las leyes las hace quien asalta).

Pero si alguien se preocupa porque hay personas que no tienen comida mientras los ricos siguen escalando en la lista mundial de ricos, (y el orgullo patrio les jalea como si no prefirieran los paraísos fiscales), y si además ese alguien decide redistribuir parte de los excedentes de una gran empresa de supermercados -como debiera hacer el estado-, entonces él sí, es acusado de “asaltar” el bien ajeno y de alterar el orden público. Da igual que lo haga precisamente en favor del bien ajeno de los necesitados, y que en realidad esté reivindicando orden en la sinrazón económica. Será juzgado por quienes se toman la exclusión social como un fenómeno meteorológico, sin causa humana ni remedio posible, o como una “gracia” divina sobre la que no hay que intervenir por si resulta un sacrilegio.

Sí, ya lo sabemos, la solución definitiva no es ir y coger sin más entre lo que hay -como algunos quieren ver en la acción del Sindicato Andaluz de Trabajadores- sino que pasa por producir lo necesario. ¿Pero qué ocurre cuando ya se puede producir bastante más de lo necesario y sigue sin llegar a muchos lo mínimo suficiente? ¿No estará fallando algo en el sistema? ¿Qué pasa cuando los recursos productivos permanecen infrautilizados (aunque haya personas con necesidades deseando trabajar) porque sus amos no lo ven rentable, o porque simplemente son suyos y los tienen ahí esperando su revalorización? Es el caso de las tierras que no se cultivan, de los pisos vacíos o de los capitales que se inmovilizan a la espera de cómodas rentas -para eso están los fondos que chantajean a las deudas públicas-. ¿A quién le interesa producir? ¿Qué empleo van a “crear” nuestros sedicentes emprendedores cuando cada vez menos personas pueden pagar lo que produzcan? Si el mitificado mercado libre, en cuyas manos se ha dejado el control de la economía, no es capaz de ofrecer empleo para todos, tendrá que costear la subsistencia de la sociedad a la que ha defraudado, (empezando por una renta básica). Las piezas pueden encajar -recursos y necesidades- pero quien puede hacerlo no las mueve.

A veces incluso en las críticas al gobierno actual sorprende la candidez: hay quien quiere ver lo que está ocurriendo como un fracaso de los gobernantes, como el resultado de su incompetencia o de su ceguera, cuando la verdad es que están logrando aplicar, por fin, todas las reformas que llevan décadas reclamando los grandes capitales que financian sus campañas y que les emplearán en el futuro. A estos agentes comerciales de visita en la política les esperan grandes celebraciones, y su única inquietud puede deberse a tener que actuar con un cinismo de marca olímpica, mintiendo y desmintiéndose continuamente, buscando a diario nuevas formas de vender la necesidad de sus recetas con apariencia de preocupación. Claro que para facilitar las cosas, la Europa de los capitales cuenta con la inestimable ayuda de un banco central diseñado a su medida. Es el BCE el que determina los tipos de interés de la deuda pública, y se ha negado a poner fin a la crisis de la Eurozona para forzar a las economías más débiles de Europa a aceptar una agenda política regresiva.

El daño que sufren los inmigrantes, las personas desempleadas, los desahuciados, los dependientes, los que pasan hambre o los trabajadores intimidados es un daño elegido. Es un daño innecesario, provocado voluntariamente por las élites económicas. Es un daño evitable pero que aplican a la sociedad como un electrochoque para después poder decir que es necesario entregarlo todo, desnudarse y ponerse a cuatro patas por ver si así se calma la corriente.

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