20 de ene. de 2011

¿Es o no es economía?

La riqueza, el confort y la exclusividad se persiguen porque se han convertido en ideales, en nuevas esperanzas de plenitud vital; no son sino un ideal más, un ideal equivocado más. No son desconocidos los casos de personas que han arruinado su vida porque un golpe de fortuna económica les ha dado el poder de hacer realidad lo que había en su mente. Es esto, lo que habita en la mente de cada uno, lo determinante una vez pasado un nivel de suficiencia económica: el conocimiento, las valoraciones y la educación emocional. El ejemplo opuesto, no infrecuente, es el de aquel que habiendo crecido en entornos de exclusividad cultiva su inquietud y anhela una mayor mezcolanza con otro tipo de personas, busca el conocimiento de la realidad y pretende una vida activa no carente de riesgo y sacrificios. Entre uno y otro caso vivimos la mayoría, como podemos más que como queremos. Pero a menudo elegimos lo que hacemos, tanto en la orientación laboral como en el tiempo libre, confundidos por ideales, apetencias y necesidades reales en perpetuo conflicto.

La búsqueda de la comodidad más allá del descanso, como criterio vital, conduce a la apatía. La posibilidad de transformar la realidad está en la condición del ser humano, y es propio de su naturaleza sentirse bien cuando lo consigue, especialmente cuando ha necesitado sacrificio para ello. Si además ese esfuerzo responde a lo que uno cree necesario transformar dando respuesta a sus propias valoraciones, el mismo conduce al apasionamiento.

Por supuesto, hay quien disfruta su riqueza en exclusividad y sin desastres, pero quizá su conformismo y su complacencia le impidan saber si se está perdiendo algo que el dinero no puede comprar, algo que sólo se logra con el ejercicio a largo plazo, con el cultivo de determinadas capacidades.