19 de nov. de 2011

#Jornada de inflexión

Una verdadera jornada de reflexión no debería pasar desapercibida en nuestra vida. En algunos casos las conclusiones deberían perdurar, quizá marcar una referencia para el futuro o incluso, por qué no, ser un punto de inflexión en un camino demasiado previsible. Esto es algo que en el pensamiento político ya ha ocurrido en el pasado reciente sembrando algo de esperanza en el mundo, aunque, por desgracia, a partir de una minoría.

Hace ya más de una década que surgieron numerosos movimientos sociales contrarios a la globalización económica neoliberal. Aquellas “revueltas” de la conciencia colectiva no fueron tenidas muy en cuenta por parte de quienes gobernaban, y entre la mayoría de la población no parece que inspiraran mucha confianza visto el resultado de las elecciones posteriores. Pero tampoco fueron inútiles y al menos hizo aparición el Foro Social Mundial junto a otras organizaciones que tratarían de dar voz a la inteligencia ética compartida. Es el caso de Attac que desde entonces reclama una tasa a las transacciones financieras como primera medida reconocible para una justicia económica global. Hoy en día es noticia permanente el resultado del desmadre financiero que denunciaban, esa tasa global es solicitada por algunos de los gobiernos más poderosos de la UE, y aunque todavía afronta una gran resistencia, ya forma parte del imaginario popular cotidiano. Los hechos están dejando en evidencia las fallas del sistema económico aún vigente, y que no eran vaguedades marginales las quejas y las demandas de aquellos movimientos. Más bien, por ser reivindicaciones surgidas de la conciencia y del conocimiento no “patrocinado”, eran precisamente las más sensatas  y las más adecuadas para el bien común.

Aunque están pendientes las consecuencias últimas de la crisis económica, acentuada por una loca huida hacia adelante, desde el punto de vista teórico creo que la misma ya está amortizada. Por mucho que nos hablen de ausencia de alternativas fiables o viables, la realidad es que sí existen alternativas (1) (2). Otra cosa es que no gusten a quienes salían beneficiados con los desequilibrios del pasado, o a quienes están ganando poder con el empobrecimiento de la mayoría. Lo asombroso es que una buena parte de la sociedad siga poniendo su confianza en los mismos y en la misma ideología que nos ha traído hasta aquí, (con máscara socialista o con máscara liberal). Parece ser que necesitan ver las ruinas completas para reaccionar, y todavía esperan un milagro salvífico que les permita creer que no estaban equivocados. Ya dicen los libros de pedagogía que uno de los pasos más difíciles para cualquier mente -infantil o adulta- es romper con la coherencia del relato vital propio y con lo que uno ha sido o ha defendido.

Pero en realidad no nos enfrentamos sólo a una crísis económica. Hoy en día emergen nuevas reivindicaciones colectivas, nuevas preocupaciones globales que ya llevan tiempo debatiéndose entre las mentes más concienciadas. Sin embargo parece que, como en la década anterior, pesarán más los hábitos que la razón, y tendrá que venir la realidad con su dura evidencia para confirmarnos la verdad. Supongo que ahora tampoco se atenderá demasiado a quienes no dirigen algo, no sé, una institución oficial, un gran ánimo de lucro muy animoso, un “think-tank” bien pagado, una universidad patrocinada, un centro de estudios con “interesantes” conclusiones previas a los estudios que casualmente las confirmarán... Quizá dentro de una década volvamos a preguntarnos por qué no supimos verlo, por qué no reaccionamos a tiempo. Y sin duda quiénes ahora inviertan en anticiparse habrán entrado con ventaja en ese futuro.

Esta es mi propuesta de reflexión para hoy, un excelente, alarmante y precioso documental: Una granja para el futuro (48 min.)




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1 comentario:

Anónimo dijo...

Eres la luz que nos ilumina con tus articulos y reflexiones