23 jun 2011

Lo que hay que oír

Todos los días se oyen cosas que a uno le "maravillan" hasta el vómito. Ayer José Bono, presidente del parlamento español y buen representante de ese conciliábulo del dinero y la obediencia de partido, decía en Los desayunos de tve, con tono amenazante, que lo que tenían que hacer los dos grandes partidos era pactar contra las arrogantes minorías. De ese modo ignoraba por completo la queja, tan presente estos días, de que esas minorías están injustamente representadas en su cortijo de pensionistas prematuros. Y de paso, daba la razón a cuantos venimos diciendo que en el gallinero del PP$OE todos representan básicamente los mismos intereses, incluso cuando se pelean en temas que a los banqueros les trae al pairo.

Ayer también tuvimos que oír al señor Rosell, presidente de nuestros osados emprendedores de burbujas, que estos tienen "pánico a contratar" por la carestía del despido. Tanto ellos como los banqueros, el FMI, los acreedores europeos, y toda la tropa que ha hundido todo sin hundirse con todo, le "animan" al gobierno a que sea valiente y acometa las reformas que tanto ansían ellos, lo cual es como pedir a un perro que sea valiente para obedecer a su amo. Pero si algo teme el perro policía no es al manifestante pacífico, (incluso parece tener ganas de encontrarse con el ya mítico perro de la flauta), sino el azote que se va a llevar como no muerda a quien debe, (o la pérdida de la pensión de jubilación máxima y prematura). Por nuestra parte, los trabajadores y los parados, junto con nuestras familias, sentimos miedo ante los contratadores de cuya mano depende caer en el infierno del paro y la miseria desprotegida o salir del mismo. Así, tras el antiguo temor a la invasión de los que vivían al otro lado del muro de Berlín, hemos llegado al advenimiento de una nueva era de temores propios, productivos, mejores, dónde va a parar. ¿Alguien adivina cuál de esos temores crecerá y cuáles serán aliviados? Los dueños del empleo no deben temer nada. Nada deber perturbar su sueño y su empeño. Nada debe molestarles. Si alguien ve una mosca a su alrededor, por favor, que se la espante discretamente. Ya sabemos que su riqueza traerá nuestro bienestar ¿O acaso alguien lo duda? Fuera prejuicios entonces. Antes de que pierdan, les salvamos con lo ahorrado hasta en la comunidad de vecinos si hace falta. En sus manos y solo en sus manos ha quedado la responsabilidad de emplearnos desde que nos deshicimos de aquella tiranía de lo público. O mejor dicho, en sus manos ha quedado, no la "responsabilidad", perdón, (¿quién es uno para pedir responsabilidades?), sino la posibilidad de emplearnos por favor, por favor. Por tanto sus temores deben aliviarse a la voz de ya. Y ya llegará el día en que se cree empleo. ¿Cómo? ¿Que entre tanto qué? ¿Que el estómago no atiende a razones y en la calle se pasa frío? Pues emprended algo, coño, que si tenéis una buena idea, seguro que el banco os presta dinero. ¿O no?

Pero no queda ahí la cosa. Hoy mismo el señor Sarkozy ha dicho, en referencia al mercado mundial de alimentos, que "un mercado que no está regulado es una lotería que suele beneficiar a los más cínicos." (... pausa ... perplejidad ... ¿admiración? ... cara de bobo ... y finalmente la nausea) ¿Y qué hacemos con esta grandiosa frase pronunciada por un tipo alineado con los intereses neoliberales que ha sobrevivido políticamente al desastre financiero provocado por él y su cuadrilla desreguladora? Desde luego, sabe de lo que habla cuando habla de cinismo. Hasta este mismo año él apoyaba a los dictadores árabes, y ya iniciada la revuelta en Túnez, llegó a ofrecer apoyo a Ben Alí para reprimirla antes de cambiar de postura de un modo tan radical y súbito que aún debería tener tortícolis. No puedo quitarme de la cabeza la imagen de un Nicolás que al terminar este discurso y volver a alguna estancia privada, estalla en una brutal carcajada, satisfecho por haber representado el colmo de los cinismos. 

Desde aquí hoy quiero brindar a todos ellos mis jugos gástricos. (Se me saltan las lágrimas con el espasmo).

Y a los demás, feliz hoguera... 

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20 jun 2011

19J - Eclosión de iniciativas contra la estafa de los mercaderes triunfantes

Desde muchos medios de comunicación se decía que “el movimiento 15m” estaba seriamente dañado desde los incidentes del parlamento catalán. ¿En qué se basaban para afirmar algo así? ¿No confundían deseos con realidad? ¿Acaso no se habían denunciado estos hechos violentos desde multitud de voces integrantes de las manifestaciones? ¿Por qué identificar entonces la violencia con todo un movimiento de descontento? Supongo que quienes apostaron por ese declive de las protestas hoy tendrán motivos para reflexionar. Donde el 15 de mayo se manifestaron miles, ayer lo hicieron decenas de miles.


Y es que no estamos hablando de una especie de “tribu urbana” a la que pueda acotarse fácilmente con etiquetas como “los indignados” o “movimiento 15m”. Con estas etiquetas, tan cómodas para los periodistas, algunos intentan -sin lograrlo- que el resto de la población, la que hasta el momento no ha participado de las protestas, se sienta ajena al movimiento, espectadora de lo otro, lo definido más allá de ella y sin haberla incluido. Pero los recortes sociales no afectan solo a quienes se han manifestado, degradan a toda la sociedad en favor de los privilegiados del Ibex (que ya no son españoles sino multinacionales). Hay muchos motivos para que toda la población se levante contra estas políticas impuestas por los mercaderes que han ganado la partida. Hay quien afirma que esta revolución necesita una bandera, símbolos, nombre, organización estructurada o incluso un nuevo partido. Pero lo que quizá necesita es no caer en la trampa de la identidad y en cambio concitar más conciencia social y más apoyo en torno al rechazo a lo que nos quieren imponer, y en torno a las medidas que debemos exigir, estas sí, muy concretas. Necesitamos ampliar el círculo de la conciencia, del conocimiento social.

Por ejemplo, en este país tenemos muchos “ratones votando a gatos” porque no saben que en realidad son ratones, ratones a los que aún les queda queso que roer y no acaban de ver como la carcoma legal que se está aprobando minará los cimientos de los que ellos también dependen. Por ejemplo, tenemos muchos empresarios, autónomos y ejecutivos de PYMEs relamiéndose con el prometedor despido barato y las rebajas fiscales cuando eso sólo conducirá al empobrecimiento de la sociedad que hasta ahora podía consumir sus productos y servicios. No todas las empresas son iguales y la tendencia legal que se viene imponiendo desde hace décadas, burbujas aparte, la imponen los peces gordos que quieren comerse a los “pezqueñines” que, sin embargo, ríen las gracias de los tertulianos mamporreros del gran capital. Por ejemplo, ¿Cuántas empresas dominan el mercado mundial de la alimentación? Cuatro. ¿Cuántas marcas posee cada una de estas empresas? Miles. Por ejemplo, cuando alguno de los que apoyan los recortes generalizados sin ser multimillonario cae gravemente enfermo y su clínica privada le remite -con trato impecable- a algún hospital público por no poder afrontar dicha situación, o porque el “cliente” no puede pagar tan costoso tratamiento, supongo que rezará porque la carcoma de los recortes no haya llegado a la unidad que le tratará. Por ejemplo -un ejemplo metafórico- si se liberaliza totalmente la pesca pensando solo en la campaña presente, se acaba con el caladero y al año siguiente sólo sobreviven las empresas que han triunfado hasta el punto de poder financiar una campaña de expolio en algún caladero tercermundista y paradisiaco. Liberalizar el mercado laboral, bajar impuestos y eliminar restricciones ecológicas es una forma engañosa de estimular a corto plazo la economía, equivalente a ir quemando la madera de la casa. Pan para hoy y hambre para mañana, con el añadido de que la madera quemada somos los trabajadores, convertidos en meros recursos deshumanizados al servicio de la competencia global de los titanes. Eso es el pacto del euro. ¿A alguien le han preguntado si está de acuerdo?


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18 jun 2011

El fin de los mercados. 1- Retroalimentación necesaria

Cuando se abre un nuevo mercado, este da inicio a una especie de juego, con principio y final, en el que la desigualdad entre los participantes va creciendo hasta desembocar en la dominación económica de ese mercado por parte de unos pocos vencedores y la exclusión o asimilación de los vencidos. Esto es válido tanto para el mercado de un nuevo producto o servicio como para el mercado global que lleva décadas abriéndose. Durante el transcurso del “juego” una cantidad creciente de participantes van quedando relegados, esquilmados y finalmente excluidos por el mero hecho de que cada capital busque crecer. Se trata de un proceso de selección excluyente y de fusiones o absorciones cuyo resultado, pasada una fase intermedia de gran competitividad, deriva en un oligopolio o en un monopolio que domina el mercado y empobrece al resto. Este es el es desarrollo natural de un mercado libre desregulado. Aunque al inicio predomine una competitividad que aparente profusión de oportunidades, esta va decreciendo por el incremento de tamaño de las empresas que van prevaleciendo, y hacia el final los participantes dominantes ya pueden mantener su hegemonía mediante el control del propio mercado, comprando o hundiendo con mucha facilidad a los participantes menores. La competitividad y la innovación no son necesarias cuando se domina el mercado mismo y se es dueño de la oferta.

Por tanto, todo nuevo mercado incuba su propio final
. Se trata de una tendencia inherente a su funcionamiento salvo que se vea condicionado por una regulación que lo impida. Si no existe un arbitrio que continuamente equilibre el sistema para favorecer la inclusión de los participantes marginados y para evitar el excesivo tamaño de los vencedores, el proceso acaba en un dominio económico privado por parte de quien controla la posibilidad de cubrir la demanda en ese dominio.


Este funcionamiento que puede ser aceptable para un juego (como el Monopoly) o para una eliminatoria deportiva, no lo es para un sistema económico, pues en él se decide la subsistencia de la población, y con ella, sus posibilidades de vivir dignamente. Incluso aceptando la virtud innovadora que pueda atribuirse a las fases intermedias del mercado libre, (y que no es exclusiva de este sistema), la competitividad de las partes en liza no puede ponerse por encima de la garantía de medios de subsistencia para todos. No es aceptable que el incremento de competitividad se haga a costa de reducir los recursos de los que no van saliendo victoriosos en esta lucha de todos contra todos. Es lo que está ocurriendo ahora en países como España, con destrucción de PYMEs entre beneficios de los grandes, y con una creciente exclusión social para quienes no logran acceder a los cada vez más exigentes puestos de trabajo que van quedando. La desregualción permite además que las empresas crezcan falsamente a costa de los bienes comunes como el menguante sector público o los recursos naturales no recuperables y que nadie contabiliza como costes.

La actual economía globalizada está funcionando en las últimas décadas como nuevo mercado libre, exento de regulación y fiscalidad efectivas en su ámbito, y aún en fase de desarrollo dada su dimensión potencial. La crisis occidental presente podría ser sólo coyuntural o parcial en un proceso de más largo recorrido y mayor amplitud. El mercado global aún no ha terminado de abrirse pero aun así, lleva mucho tiempo dando evidentes muestras de exclusión social, empobrecimiento generalizado salvo para la élite beneficiada, y destrucción del patrimonio ecológico común. A diferencia de lo ocurrido hasta los años setenta gracias a las políticas keynesianas, los objetivos de reducción de pobreza extrema se van alejando en el tiempo, y aparece nueva pobreza en los países otrora desarrollados. Pero no fracasó Keynes sino que más bien ocurrió que uno de los factores del mercado se endureció súbitamente -el precio del petróleo- y en lugar de aceptar ese encarecimiento sobrevenido, el neoliberalismo optó por aplicar la doctrina del shock: culpabilizar al sector público para luego favorecer a la élite a costa de este sector que se había ganado para la sociedad anteriormente. Esto es lo que se aplicó en el plano teórico, pero ¿cómo lo hicieron en la práctica? 

Las economías desarrolladas han sido economías mixtas en gran medida. Pero en las últimas décadas, con la apertura de las fronteras comerciales, (desde los acuerdos del GATT hasta la actual globalización propugnada por la OMC), el tamaño del mercado se ha ampliado sin que se haya ampliado de igual manera el ámbito de aplicación de las leyes fiscales, laborales y ambientales. Como consecuencia, a medida que las empresas han ido ganando tamaño y poder en el proceso lógico de capitalización, los estados, que no han crecido, han perdido poder relativo y han quedado supeditados a las necesidades de los mercados, es decir, a los deseos de estos grandes capitales capaces de condicionarlos. Este es el principal motivo para que se esté desmantelado el llamado “estado del bienestar” en los estados que lo han tenido. No hay razón para pensar que actualmente, después de tantos años de incrementos de la productividad, no sea posible sostener lo que se sostuvo en el pasado, siempre y cuando se aplique una política económica que ajuste la fiscalidad a las necesidades del momento. No es raro que venciera esta política económica teniendo en cuenta que detrás de la misma hay cantidades ingentes de dinero promocionándola. Pero es una bomba de tiempo. El gran mercado de todo va inaugurando nuevas zonas de acción, y a la vez los bienes comunes como el sector público o el medio ambiente van nutriéndolo por un precio irrisorio. Esta sobrealimentación del mercado disimula el coste real de lo que produce y evita provisionalmente su colapso a costa de quemar la madera del barco. La hipoteca sigue creciendo.

Actualmente la capa de población rica y propietaria de los medios de producción se beneficia de las leyes blandas de países alejados para abaratar costes a pesar del transporte, pero también para someter a las capas no propietarias de sus propios países con esa competencia desleal, tendiendo a igualar a todos por lo bajo. El resultado de esto junto a la tendencia del propio mercado hacia su final en forma de dominio es que, de no corregirse esto, nos encaminamos hacia una plutonomía global, un nuevo feudalismo con unos pocos dueños de todo y el vasallaje del resto, dependiente de estos amos, (suponiendo que no estemos ya en una, como se sugiere de EE.UU. en el artículo de Wikipedia que define este concepto). A lo cual también contribuye el aprovechamiento capitalista de la robótica inteligente, que elimina puestos de trabajo en lugar de reducir la carga del mismo en beneficio de todos.


Este final predeterminado por las reglas del mercado libre, el fin neofeudal de todo mercado, contradice el dogma de que los sacrificios en favor de la competitividad conducen a un progreso social que los justifica. Suele olvidarse que el mercado, basado en los intereses particulares, solo produce un progreso realmente social, generalizado, cuando al mismo se le condiciona desde unas “reglas del juego” redistributivas, inclusivas y limitadoras del tamaño de los participantes, de forma que haya una retroalimentación del sistema que impida su propio final. La idea de que la búsqueda del bien particular conduce al enriquecimiento general no tiene en cuenta el desarrollo temporal de todo mercado en su conjunto, que no es una mera suma de resultados sino un proceso de segregación económica.

Para que el mercado revierta verdaderamente en bien para la sociedad es necesaria una continua redistribución de la riqueza, una garantía universal de no exclusión y una limitación del tamaño de los capitales y de las empresas, (no solo para impedir monopolios sino mucho antes, para que nadie pueda controlar el acceso al mercado). Solo de ese modo la competencia económica puede traducirse en riqueza general, y en renovación de oportunidades para quienes van perdiendo, de manera que “el juego” nunca se acabe, no llegue nunca al oligopolio. Se trata de crear unas reglas de compensación que retroalimenten el sistema de manera que sólo el beneficio social realmente cobrado pueda justificar los privilegios de quienes se van enriqueciendo. Y en este círculo de redistribución en el que la mayor parte de los beneficios vuelve a manos de todos, la actividad se ve relanzada tanto por el freno a la excesiva concentración de poder como por la inclusión sistemática de quienes, no habiendo ganado, mantienen y renuevan sus oportunidades. Aunque a un neoliberal esto le suene paradójico, limitar el premio económico posible y aceptar una garantía económica básica sin pedir nada a cambio, son reglas que favorecen la actividad.

Si bien el mercado es amoral, inconsciente, suicida, la política económica no tiene por qué serlo. De hecho su misión es prevenir mediante regulación, inteligencia fiscal y un sector público fuerte, las injusticias sociales y los daños ecológicos. Sólo esa intervención permanente puede salvar a los mercados de su propio final... suponiendo que esa salvación sea deseable y no hallemos para la humanidad un modelo económico mejor.




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22 may 2011

Algunas Mentiras

- Es falso que aumentar más la competitividad y la productividad sea condición imprescindible para que todo el mundo pueda tener lo básico para la vida. Dados los recursos actuales, la búsqueda de riqueza sólo se justifica a partir de la suficiencia económica de todos, previo reparto suficiente de esos recursos.

- Es falso que el mercado libre sea sinónimo de libertad: la llamada "libertad económica" equivale a la ley del más fuerte, nos deja en manos de la coacción privada. Y no todo el mundo parte del mismo punto en este cruel "juego" de eliminatorias.

- Es falso que el liberalismo político y de conciencia, el liberalismo intelectual, esté indisolublemente vinculado al liberalismo económico. Los valores de la ilustración están brillando ahora mismo en las prohibidas asambleas de las plazas donde el megáfono es de todos y es libre tanto el conocimiento como la crítica.

- Es falso que al liberalismo económico le interese la democracia, como ya demostró la triunfante escuela de Chicago en la dictadura de Pinochet, y en tantos otras dictaduras.

- Es falso que los precios de mercado sean un justo equilibrio entre las posibilidades de producción y la demanda realmente necesaria. Las incesantes burbujas de precios, como la de la vivienda o la aún más dramática -y actual- de los alimentos, hacen evidente esta distancia entre el precio y el valor. Cuando las burbujas pinchan y los precios se ajustan a la realidad, muchas personas ya han quedado hipotecadas de por vida, o es demasiado tarde para ellas.

- Es falso que sea necesario un Master in Business Administration para poder hablar de economía, para poder percibir la injusticia.

- Es falso que la renta per cápita represente el poder adquisitivo de las personas. Si yo gano mil euros y tú ninguno, es falso que nuestra renta per cápita sea de quinientos euros. Es absolutamente falso que haya una "renta por cabeza" en ese caso. Solo los economistas lo ignoran.

- Es falso que la abundancia de conocimientos no pueda suponer estupidez, en forma de confusión invasiva: invasión de falsedades o bombardeo de información irrelevante. Hay quienes invierten mucho dinero en armas de confusión masiva, tanto en los medios de comunicación como en las universidades.

- Es falso que el crecimiento personal o la aportación de cada uno a la sociedad se pueda medir por el crecimiento económico, y que este pueda darse ilimitadamente.

- Es falso que no vayamos a pagar los costes ambientales de la producción que no anota esos costes en el precio de los productos. El crédito desmesurado parece bonito cuando llega, antes de abrir las puertas de un infierno interminable, también en el medio ambiente.

- Es falso que los objetivos del milenio -no sabemos de qué milenio- no puedan conseguirse hoy mismo con voluntad política para ello.

- Es falso que proponerse para 2015 reducir a la mitad el número de personas que mueren de hambre sea un objetivo loable. El reverso tenebroso de esa frase es: "aceptamos que en 2015 todavía haya millones de personas que mueren de hambre, a pesar de la abundancia de bienes de lujo, mercado en auge actualmente". Las cifras superan con mucho a las del genocidio de Hitler.

- Es falso que la mayoría del mundo "democrático" esté de acuerdo con ese genocidio.

- Es mentira que la competencia favorezca la abundancia. Cuando los bienes ya son abundantes el mercado vela por la escasez, para mantener o subir los precios. Vela por la escasez de los alimentos, cuya producción se contiene en función del precio, a pesar de haya quienes mueren de hambre. Vela por la escasez del empleo, para que estemos dispuestos a pagar más por él, con mayores sacrificios.

- Es falso que en la mayoría de los países democráticos se cumplan los Derechos Humanos o sus propias constituciones. Los derechos sociales se violan impunemente al colocarlos como objetivos de la política económica en lugar de ser condicionantes primarios de su funcionamiento.

- Es falso que no tengas autoridad intelectual y capacidad para combatir de alguna manera todas estas falsedades.

19 may 2011

¿Solo es legal el marketing electoral?

Las juntas electorales han prohibido muchas concentraciones de protesta en España por influir en la campaña electoral. Se permite el marketing electoral, la voz del dinero prestado por los bancos, y se prohíbe la voz de las personas. Esto es jugar con ventaja. Luego hablan de manipulaciones. Si te parece mal, hay una recogida de firmas contra esta decisión.

Pero ¡cuidado! Si tienes una opinión libre, ajena a los partidos comerciales, pasas a ser sospechoso de algo. A los borregos de la "disciplina de partido" esto de pensar por uno mismo les parece tan raro que solo pueden creer que eres un sujeto sin un cerebro propio, teledirigido, manipulado. En consecuencia debes ser investigado para ver qué organización está detrás de ti. Es lo que ya están difundiendo algunas de las lúcidas conciencias que nos gobiernan.

La sarta de falacias e intentos de distorsión de lo que está ocurriendo no tiene fin. Algunos opinan que organizaciones que llevan años denunciando esta estafa económica y democrática, desde mucho antes de que llegara la crisis y se cayera el tinglado, ahora no tienen derecho a apoyar esta protesta que se hace eco de las mismas verdades. Si todo fuera manipulación, ¿por qué no se ha conseguido dirigir a las masas con anterioridad? La verdad ha dejado sus ruinas sobre la mesa y ahora es evidente, ya no es necesario creer a quienes hacían cálculos y previsiones de buena fe en lugar de estudios de mercado patrocinados por intereses particulares. Ahora la verdad salta a la vista. Quienes merecen oír un "teníais razón", (que no piden), ahora tienen que oír un "no os aprovechéis" por parte de quienes se han estado aprovechando de todos durante demasiados años.

Entre tanto la señora Merkel pide menos vacaciones y más trabajo. ¿No se habrá enterado de que aquí hay casi 5 millones de personas deseando trabajar? ¿Le da igual lo que pensemos de ella ante la burda idiotez que ha soltado sobre el país con los horarios laborales más largos de Europa? ¿Acaso no ha quedado demostrado ya a quiénes benefician sus recetas? A veces parece que los políticos, los banqueros y las grandes empresas que lucen beneficios mientras despiden a sus empleados se han empeñado en una carrera de cinismo. Es imposible que ignoren que la esclavitud barata no tiene muchas posibilidades de reactivar el consumo del que dependen las PYMEs y el empleo que aportan, el 90% de nuestro tejido productivo. Eso sí, las multinacionales que financian los partidos en el poder serán globalmente más competitivas porque en Europa se podrá producir tan barato como en el tercer mundo, y ellos no tienen problemas para vender fuera, donde las nuevas burbujas de precios estén creciendo.


16 may 2011

Democracia Real Ya: un grito ignorado... pero con mucho eco

Lo primero que hay que comentar es el silencio de las televisiones y los medios de comunicación la tarde y la noche en que nos manifestamos pacíficamente miles de personas en 50 ciudades de España. En este blog se recogió muy bien: Manifestación del 15m y el asco informativo Es lo primero porque es una buena muestra de lo que se denuncia en la protesta: las instituciones públicas y privadas de este modelo de sociedad no nos representan y tratan de ignorar nuestra voluntad real. Así se pueden interpretar también las reacciones desprevenidas y despectivas de los políticos del PP$OE.

Sin embargo la manifestación tuvo una adhesión superior a la prevista en muchos lugares. Hay que felicitar a todos los organizadores que con más corazón que medios consiguieron romper el hielo y sacar de la pereza a todos los que creen en su propio pensamiento y en su hartazgo más que en las siglas de quienes se tienen por los amos de cualquier iniciativa política.


Poco a poco algunos medios impresos fueron haciéndose eco del clamor que ya rebotaba por multitud de sitios web y lugares reales. El hilo #15mani ha sido el más seguido del mundo en Twitter durante varias horas. Como en el caso de las noticias sobre Islandia, a menudo la información cobra vida en la red y sólo cuando ya asoma por la ventana de las redacciones, estas se ven obligadas a publicarla. En muchos medios de ámbito regional no se ha hecho mención de las protestas en su comunidad a pesar de la abundancia de basura informativa en sus portadas.

Cabe destacar la imaginación de los manifestantes que con sus lemas en multitud de pancartas y carteles han tenido un protagonismo y una participación mayor que la habitual en las manifestaciones comprometidas por siglas oficiales

 


Resumen con imágenes, vídeos y enlaces del portal Periodismo Humano


Intervención del profesor Carlos Taibo en la manifestación de Madrid:



La concentración de Bilbao tuvo lugar bajo la "Variante ovoide de la desocupación de la esfera", de Jorge Oteiza. Según el autor representa un análisis del vacío. ¿Algo que ver con nuestra vida en la sociedad de la explotación y el entretenimiento?

 La protesta continúa con acampadas en distintas ciudades de España


Hazte eco

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7 may 2011

Partidos comerciales

Antiguamente los músicos vivían sólo de los conciertos y recitales que daban. Con la aparición de los medios de comunicación de masas, y sobre todo con la aparición de la industria discográfica multinacional, los músicos pudieron pasar a obtener más ingresos de la venta de discos que de los conciertos. Esto aun a pesar de que la mayor parte de los beneficios son para las discográficas. Además sus conciertos pasaron a ser multitudinarios en el caso de los grupos elegidos. La clave de este cambio fue la publicidad junto con el pequeño número de canales por los que llegaba la información a grandes masas de población. Como los propios publicistas han demostrado sobradamente, el marketing produce una inflación en las valoraciones con independencia de la calidad de lo ofrecido. Así incluso se han dado casos en los que artistas de gran éxito han realizado conciertos utilizando el playback para estar a la altura de lo grabado en los discos, enteramente manipulables en estudio. Por supuesto, no es el caso de la mayoría de los grupos, en los que el marketing no lo es todo. Han sido casos aislados pero suficientes para demostrar que en los grupos promocionados por la industria, siempre habrá una parte de éxito debido meramente al marketing y no a la calidad o a las preferencias reales en igualdad de oferta. Por eso las discográficas invierten tanto en publicidad y en radiofórmulas cuyas listas financian.

¿Y qué pasa en la política? En este ámbito los resultados de lo que elegimos tienen mucha más importancia y afectan directamente a nuestras condiciones de vida. Sin embargo somos conscientes de la enorme cantidad de dinero que los partidos se gastan en campañas electorales, en los medios de comunicación y en marketing de todo tipo. Y por otro lado, tenemos una ley electoral que favorece precisamente a los partidos que han sacado más votos. (La ley D’Hondt otorga “escaños extra” a los partidos más votados). Con lo cual la deformación de la valoración popular es doble. Para colmo, unas listas cerradas impiden que tengamos algo que decir si quiera entre los candidatos de los grupos elegidos por los financieros. El resultado es un gobierno no representativo. Nos gobierna quien más dinero tiene detrás apoyándole, y además excluyendo o haciendo ridícula la representación de las opciones minoritarias. O lo que es lo mismo, excluyendo a buena parte de la
"El concierto de los partidos" - Paul Klee - 1907
población cuyas ideas no tendrán voto en el parlamento. Eso sí, es una forma de gobierno más cómoda para unos políticos “comerciales” que no tendrán que trabajarse muchos acuerdos. Con la disculpa de favorecer la gobernabilidad se mina la legitimidad. Es el mismo argumento que han utilizado siempre las dictaduras: “o nosotros o el caos”, infundiendo miedo a la diversidad y a la verdad. Como si no hubiera ya multitud de experiencias de parlamentos plurales y gobiernos de coalición que salen adelante con éxito.

En política, como en la música, la calidad hay que buscarla entre los grupos “underground”. (Lo que no quiere decir que en todos los grupos minoritarios haya mejores ideas, o si quiera que todos los minoritarios apoyen la democracia y suscriban sus principios). Los partidos comerciales garantizan una mediocridad obediente a las élites económicas, y una ideología espuria. Quizá incluso cabría plantearse si no tendría sentido una ley electoral que favoreciera de algún modo a los minoritarios para compensar la deformación que produce el marketing. No es que la popularidad en sí sea un problema sino que votamos en una democracia comercial, en la que el dinero distorsiona en origen la dimensión posible de los partidos. Es algo de sobra reconocido. Si no fuese así, ninguna empresa y ningún partido se gastarían dinero en marketing. Además, la posibilidad de obtenerlo prestado, resta independencia de criterio a quienes están dispuestos a obtenerlo de ese modo. Algunas ONG ponen en valor su independencia financiera respecto de grandes poderes públicos y corporativos. No es por capricho. Cualquiera puede entender que esa independencia añade realmente valor y credibilidad a sus posiciones. Los partidos comerciales que nos gobiernan no pueden ser ajenos a la industria que los sostiene.

Una democracia sólo es real si es inclusiva, esto es, si las ideas se ven representadas en la misma proporción en que se dan en la sociedad, y cuando además los individuos tienen acceso a todas las propuestas de modo equivalente. Pero quienes manejan la economía, han ajustado la democracia a la horma de su zapato, no sólo mediante el cabildeo y la corrupción, no sólo por la dependencia económica de los partidos políticos, (cosas que podrían evitarse o limitarse aumentando el voto directo), sino porque el marketing puede distorsionar nuestra percepción de las ideas. Bien podría ocurrir que votando directamente todos todo, volvieran a salir adelante las mismas propuestas políticas que favorecen a una élite económica y esclavizan al resto con el señuelo de poder llegar a formar parte de esa élite. A fin de cuentas no sólo existen partidos comerciales sino también ideas comerciales, ideas patrocinadas que a fuerza de omnipresentes se aceptan con facilidad acrítica. Mientras avanzamos hacia formas de democracia más directas, está bien tener claro cuál es el punto del que partimos, qué “hábitos nocivos” hay que repudiar y por qué. Si el llamado “voto útil” hace inútil la democracia, la docilidad informativa también nos deja en manos de don dinero.

Hoy día tan necesario es redistribuir el poder político como la riqueza. Esto no sólo es de justicia sino que se trata de corresponsabilidad: tener que decidir obliga a hacerse consciente de las problemáticas. Y sabemos que sin una concienciación masiva no será posible un cambio palpable. Pero además es necesario tener en cuenta que la conciencia se nutre de información, y que esta se ve fácilmente distorsionada por el dinero, por lo que se vuelve vital para la democracia redistribuir también el poder informativo. Se ha de terminar el depender exclusivamente de medios de comunicación de masas. Todos podemos ser agentes de la información, (cuidando la calidad y variedad de nuestras fuentes, “editando” y difundiendo lo que aprendemos), cada uno con nuestras limitaciones y errores pero entre todos con un resultado más democrático que si seguimos confiando en los tecnócratas paniaguados que pueblan las facultades de económicas y los grandes medios de comunicación.