30 sept. 2012

Capitalismo ambiental

Muchos analistas que hace años elogiaban nuestro modelo económico y pronosticaban un gran futuro, ahora están corrigiendo sus posiciones. Pero en realidad el saqueo ocurrió en ese pasado, cuando parecía que no estaba ocurriendo. Ahora ya estamos arañando las migajas del fondo de la bolsa y empezando a pasarlo mal. Como enseña la tradición oriental, las batallas no se ganan en la contienda sino en su preparación. No es una gran aportación decir ahora que se trataba de una estafa, (aunque sea necesario seguir diciéndolo e intentar darle la vuelta a la situación). De igual modo, los males que nos agobiarán en el futuro tienen su causa en lo que está ocurriendo antes de que lleguemos al mismo, antes de que esos males lleguen a afectarnos directamente, y el contexto en el que se están formando esos problemas ahora parece secundario o se enfoca de modo erroneo, si no pasa totalmente desapercibido.

La línea roja muestra el promedio de la extensión de hielo entre 1979 y 2000. 
En blanco se ve la superficie actual, en el verano de 2012. NSIDC 

En los medios de comunicación generalistas se habla de los problemas ambientales a menudo pero de un modo marginal, colocándolos en secciones relegadas, y el tratamiento que se le da suele omitir lo más importante. En ocasiones se mencionan estos problemas de un modo muy general, como si no tuvieran causa claramente identificable o remedio a nuestro alcance, o bien, en otras ocasiones, se vinculan a empresas concretas o a opciones de consumo determinadas. A veces se amplía el círculo a sectores productivos enteros pero rara vez se menciona la posibilidad de que sea el modelo económico mismo el que esté detrás de todas las formas actuales de destrucción del ecosistema.

GasLand (Documental subtituldado en español)
La realidad sobre sobre la amenaza emergente del Fracking Reseña

Recogida de firmas: Paremos la fractura hidráulica en Europa
Otra recogida de firmas: Prohíbamos el Fracking en España

Con ello se transmite la idea de que es un problema de responsabilidad social corporativa, y esto permite interpretar que tendría solución con algo más de concienciación ciudadana, (aunque con una mayoría de la población presionada económicamente, las opciones de producción o de consumo concienciados son muy limitadas), o que podría resolverse mediante reformas legales menores más o menos sacrificadas para individuos y empresas, (tasas ecológicas, algún filtro aquí, alguna sanción allá, un poco de reciclaje). Sin embargo la acumulación de despropósitos ambientales abarca todos los sectores del ecosistema global, incluidos nosotros mismos en él. Y ante la coincidencia de sucesos deberíamos preguntarnos si el deterioro ambiental y el descontento social al que asistimos en todo el mundo acaso no están afectados por un mismo proceso organizativo que agrede tanto al medio ambiente como a la población a la que debería servir. ¿Queda alguien que no haya asociado ambos problemas siquiera como duda?

La dimensión global y exhaustiva de la degradación requiere afrontar una raíz igualmente importante, pero los medios comerciales (o al servicio de políticos comerciales) parecen remisos a afrontar una evidencia que va más allá de la verdad incómoda que hace algunos años se hizo popular. De hecho, la forma habitual de abordar el asunto tiende a funcionar como una vacuna con la cual el capitalismo se protege del peligro de ser cuestionado en sí mismo. La impresión general es que el sistema ha detectado el problema y, gracias a sus críticos internos, “ya estamos en ello”. Una impresión complaciente para una sociedad sumida en la pereza intelectual forzada por un absorvente trabajo y por adictivas formas de ocio comercial.

La Tierra vista desde el cielo (en rtve)
Otra serie de documental que no cuestiona el modelo económico
pero que al menos muestra algunas de sus contradicciones
y datos interesantes para la reflexión.

Hasta el reciente cambio de ciclo del mercado cuestionar el modelo económico generalmente aceptado hoy día por los partidos mayoritarios -con diferencias secundarias- se había vuelto una rareza siempre asociada al extremismo. Hasta tal punto ha sido así que cuando se habla de economía lo habitual sigue siendo que inmediatamente se asocie este concepto al mercado, a sus procesos y a los métodos derivados de este sistema económico concreto, sin reparar en que la economía es un concepto mucho más amplio que la idea de mercado, y sin tener en consideración otras posibilidades, otros modelos económicos por los que se puede optar, distintos del actual dominio de los mercados financieros. En realidad lo extremista es la ideología que inspira a nuestros gobiernos, como extremas son las consecuencias de haberlo tolerado durante tanto tiempo.

Son muchos los problemas que presenta este sueño de la razón que llamamos “mercado libre” pero su misma esencia, ese afán de lucro que supuestamente habría de beneficiar al conjunto, (y que requiere de quimeras como que todos respondamos inequívocamente a ese mesurable comportamiento, o que la información que manejamos los ciudadanos de a pie sea tan “perfecta” como la que manejan los think-tanks millonarios de las multinacionales), muestra un fallo grave y determinante: implica que los agentes del mercado y los ciudadanos damos prioridad a un sólo problema individual y cuantificable, cada uno el suyo, de modo que este funcionamiento no puede tener en cuenta el valor del entorno en el que se da y del que en última instancia depende, la sociedad y medio ambiente, la plaza sobre la que se asienta el mercado. Como en una melé en la que las cabezas quedan enterradas en la pelea sin saber hacia dónde se dirige el grupo que la forma, bordeamos un precipicio en un campo sin vallas, sin árbitro y sin público, porque todas las personas, las corporaciones y las naciones deben empujar, competir forzosamente, si no quieren ser excluidas incluso de los mínimos vitales para subsistir.


Con las miradas dirigidas hacia el capital y los bienes propios, centrados en esa obsesión por los resultados inmediatos y el poder adquisitivo, el marco natural no "cotiza" como prioridad de los valores, (no es rentable), y toda degradación ecológica es posible, al menos hasta no tener el suicidio delante de los ojos. Unos ojos que, por lo demás, quedan seducidos por las innovaciones comerciales confundiendo estas con el progreso social. Pero el borboteo innovador propio del mercado no está condicionado por las necesidades conjuntas de la población ni por los límites del entorno que la sustenta. Se debe a la mera agregación de unos intereses individuales que no pueden percibir los vínculos entre la innovación concreta y los efectos de su consumo y producción a gran escala. La renovación continua de productos se lleva a cabo contra la renovación de los recursos naturales finitos de los que dependemos.

Obsolescencia programada. Comprar, tirar, comprar...
O cómo degradar el futuro de forma premeditada y sistemática.

A partir de este fallo esencial no pueden extrañar otras derivas irracionales a las que extrañamente nos hemos acostumbrado, como la ineficiencia global que supone desde un punto de vista energético que algo que se puede producir cerca de donde se consume gaste toneladas de energía contaminante para recorrer miles de kilómetros. O que el exceso de capacidad productiva conviva con la escasez de bienes básicos para una parte de la sociedad. O que los aumentos de productividad debidos a la nueva tecnología no redunden en menores jornadas laborales sino más bien al revés. O que el mayor conocimiento científico de la historia sobre el medio natural esté siendo también el más inútil para preservarlo. O que la especulación financiera con alimentos produzca hambrunas que superan los desastres debidos a la mala planificación centralizada del repugnante estalinismo. Si a menudo se utilizan ejemplos como ese para denigrar el sistema soviético, ¿por qué los actuales desastres no son suficientes para que nos espante el actual modelo económico global?


El mercado libre no es el único modelo irracionalmente productivista, como bien demuestra la degradación ambiental en la antigua Unión Soviética, (por otro lado empujada por su alienación competitiva con occidente, y corrompida por su falta de democracia), pero su cualidad esencial, la propia dinámica de todo mercado, esa inercia centrípeta que mantiene la atención de todos volcada en su propio funcionamiento, hace que resulte especialmente difícil controlar y redirigir el destino común que nos impone. Y este es el modelo económico que tenemos entre manos y el que ahora exige preocupación y cambios profundos, verdaderos cambios, no las aparentes reformas que nos ha dejado el ppsoe, que no son más que un ahondamiento en la fracasada escuela económica que nos ha traído hasta aquí, una loca huida hacia adelante en la que no creen ni ellos mismos pero con la que intentan salvar sus propios muebles y los de quienes les financian, su poder y el de los banqueros, a costa de la mayoría de la población y de continuar sin mirar al medio ambiente.
Mapa de la especulación urbanística

Ecowiki es una página para documentar amenazas al medio ambiente
y compartir conocimientos libres sobre su defensa

El pope del neoliberalismo Friedrich von Hayek decía que una burocracia centralizada no puede saber lo que necesitan las personas, y para evitar que con ella entremos en un camino de servidumbre, sus herederos han impuesto una servidumbre bajo burocracias privadas cuya única misión es el afán de lucro ciego a todo lo demás. Lo que la realidad demuestra es que el mercado no puede cubrir las necesidades elementales de toda la población sino que, al revés, necesita aprovecharse de su explotación; y que el mercado no puede tener conciencia de la evolución conjunta de la economía y de la sociedad, poniendo así en peligro las bases comunes sobre las que se asienta nuestro futuro. Hay innumerables muestras de esta deriva, algunas de ellas intercaladas en esta entrada a modo de ejemplos.


La crisis económica y la de los servicios públicos tienen la misma raíz que la crisis ecológica actual y que la crisis energética emergente: el modelo económico de mercado, un modelo que lleva inscrita en su código la inconsciencia de lo colectivo (social y ambiental). El descontrol es la esencia de esto que llamamos mercado libre y que, en realidad, más que un sistema parece un caos imprevisible, un mero juego que interesa a quienes parten con ventaja en él, a quienes más recursos y poder tienen ya a su disposición, a quienes con más facilidad podrían dedicarse a madurar en lugar de crecer y crecer económicamente hasta convertirse en una deformidad anímica que nunca alcanza su plenitud, y que debe alimentar el resto del planeta.


Y en general, este solipsismo económico que impide una visión de la evolución colectiva favorece la falta de ideología, la falta de cultura política o de una idea de sociedad que promover; la falta de preocupación de cada individuo por el entorno en el que se desenvuelve su vida. Así se descuida una parte esencial de lo que hace humano a todo individuo, su condición de ser social, y quedamos a merced de la lógica autómata del mercado. Al privilegiar el afán de lucro sobre toda aspiración utópica se otorga un poder económico desmesurado a la minoría triunfante (sin por ello acabar con la exclusión y la pobreza), pero resulta inválido el poder político ciudadano que, con la información y la participación adecuadas, podría equilibrar el sistema. Quizá en estos tiempos de relativismo se asocien conceptos como “ideologíao “utopía” con “quimera irrealizable que se vuelve maldición o imposición”. Lo saludable, en cambio, es valorarlas como aspiraciones abiertas, (provisionales, cuestionables, mejorables mediante la agregación de aportaciones y la inteligencia colectiva), pero imprescindibles para una orientación consciente de la sociedad.
Incluso entre los críticos con este sistema lo normal es que no se cuestione el crecimiento económico en el mercado como única vía para el futuro, y sólo se aborde la corrección necesaria para recuperarlo y para que beneficie a más personas. Y aunque la población que reniega de este modelo desigual a menudo incluye la denuncia ambiental, esta suele quedar en un añadido más. En lugar de ello, la defensa ecológica debería vertebrar la nueva contestación que solo teniendo en cuenta la importancia de esta variable podrá sembrar una alternativa eficaz y duradera. El equilibrio ecológico del nuevo modelo debe ser una condición de partida, no un objetivo, un futurible. Porque, si la economía es la ciencia que estudia el modo de “administrar la casa propia”, es necesario partir de que nuestra primera morada es común: la biosfera de nuestro planeta; y es la que contiene y la que sustenta a todas las demás. Las pautas de su equilibrio deben inspirar las nuestras.

Biopiratería. (9 min.)

Información, biodiversidad y copyleft. 
Hay una relación directa entre el problema de la propiedad intelectual 
secuestrada por grandes corporaciones 
y la deriva irracional de nuestro modelo económico.

¿Acaso es verdad que el empobrecimiento generalizado impide atender los problemas ambientales y debemos postergar su solución?
La realidad es que hay riqueza y recursos más que sobrados para llevar a cabo una transición hacia un modelo equilibrado cumpliendo con las necesidades básicas de toda la población.
La realidad es que no se recauda esa riqueza ni se utilizan esos recursos que han quedado en manos de quienes se enriquecieron con las burbujas especulativas a costa de los demás, en manos de quienes más favorecidos han salido con las leyes que actualmente determinan la economía.
La realidad es que sólo se reparte la escasez, y con ello el capital ha conseguido librarse de cualquier traba ecológica para llevar a cabo sus tropelías: ante la represión económica del paro y la miseria la población no puede negarse a que se haga lo que le dará de comer. Se trata de una coacción violenta: con consecuencias físicas sobre los cuerpos de quienes no pueden comer correctamente y con efectos devastadores sobre su salud psicológica. Una coacción ante la que sólo cabe obedecer olvidándose de la preocupación por el destino común al que nos lleva esto.
Y en definitiva, la realidad es que favorecer el mito del crecimiento continuo sobre el valor del equilibrio es precisamente lo que está provocando nuestra desigualdad, y lo que está sembrando las condiciones de la pobreza por venir



Como el trabajo y su fruto no se reparten, y como se considera repudiable cobrar sin trabajar, aunque fuera lo mínimo para una vida sencilla, cualquier tropelía ambiental que necesite el capital para su beneficio queda socialmente legitimada si ofrece algún puesto de trabajo. Con la exclusión laboral y social se perpetúa el conflicto de intereses entre el equilibrio ecológico y la subsistencia. Y, en el fondo, este sistema se basa en el conflicto permanente entre las verdaderas soluciones y el afán de lucro. Cualquier profesión depende de que la solución que aporta no sea definitiva. La obsolescencia programada responde a la necesidad de seguir vendiendo. La cronificación de las enfermedades, (no su cura ni su impedimento), favorece la cotización bursátil por la que deben de velar los directores de las farmacéuticas y de la sanidad privada. Y en general la necesidad de empleos parece justificar un modo de vida en el que la humanidad nunca llegue a la satisfacción completa de sus necesidades económicas.

Genial viñeta de Le Raúl tomada de Diagonal Web bajo licencia

El ideal del mercado libre desregulado no es más que otro sueño de la razón de consecuencias desastrosas a pesar de su apariencia deslumbrante: la fascinación que producen sus novedades y el permanente anuncio de una libertad que nunca llega nos roba el suelo común con el que quizá no podríamos “volar” pero que necesitamos para seguir viviendo. Eso sí, se trata de un paraíso para la minoría beneficiada que no tiene ningún problema en creer firmemente en esta pesadilla. Ellos vuelan; los demás sólo caemos.

¿Cuántas canteras en el mundo han derribado o están derribando 
lo que ha tardado millones de años en erigirse?

El conflicto de intereses al que nos somete el mercado, (inculturado como los paralizantes conflictos psicológicos de la antigua represión religiosa), sólo podría solucionarse si dejara de estar condicionado por el capitalismo, con iniciativas que eludieran su ámbito de poder o pudieran someterlo: internacionalismo ciudadano, fiscalidad mucho más progresiva, economía pública y ecológica, decrecimiento controlado, reciclado integral y huella ecológica cero desde el diseño mismo de la producción, cooperativas integrales, economía del bien común, reparto del empleo disponible en cada momento, Renta Básica de Ciudadanía, límite a la riqueza, límite al tamaño de las empresas, economía social y local, agroecología, cooperativas de consumo, tasa a las transacciones financieras, cultura libre, democracia participativa,...


Y no hemos de confiar en que el capitalismo vaya a terminarse con el colapso de este cambio de ciclo que llamamos “crisis”. El capitalismo puede perdurar en cualquier circunstancia si no hay voluntad de cambiarlo, (al menos en tanto no llegue el nuevo feudalismo al que conduce), porque no es más que un modo de abordar las cosas. La crisis no va a cambiar el modelo si no lo exigimos nosotros. El mercado puede gestionar la abundancia o la escasez, un ecosistema rico o uno devastado, aunque sea el propio mercado el que haya conducido a la degradación. Es el modo de pensar de la mayoría lo que ha de cambiar para que el sistema cambie y no sobreviva una vez más a sus propios desastres manteniendo la confianza de unos ciudadanos demasiado acostumbrados a perder como en la lotería por la que siguen pagando. Es la conciencia individual, sí, lo determinante, pero no sólo en las opciones de consumo dentro de un juego cuyas normas presionan en sentido contrario, sino la conciencia expresada en las decisiones políticas, las únicas que pueden modificar las reglas de este juego vinculando a todos, individuos, empresas e instituciones.

“Según la ONU, la superficie de los bosques primarios del planeta
ha disminuido en más de 40 millones de hectáreas,
un área equiparable al tamaño de Alemania y Dinamarca juntas,
desde 2000” Greenpeace:

Necesitamos transferir nuestra inquietud y nuestra capacidad de transformación desde la ambición económica al inconformismo político: un sentido crítico extendido, "innovador" y democrático que supere el sentido comercial tan educado hoy día. De uno u otro modo debemos incorporar en la práctica las ideas de “equilibrio” y de procomún, ya presentes en el equilibrio holístico del ecosistema compartido, dando prioridad a la suficiencia sobre cualquier maximización que pueda vulnerarlo. Tendremos que romper con nuestra tradición de conquista exacerbada hasta el máximo posible en cada momento, y quizá sea útil -volviendo al principio de esta entrada- traer a nuestro modelo económico ciertas dosis de la tradición filosófica oriental o del respeto tribal al entorno, valorar las ideas de renuncia y de aceptación (sin necesidad de fe alguna sino precisamente en base a la razón interesada); entender que esa “renuncia” no sería un rechazo del progreso sino la condición necesaria para que este pueda sostenerse en el tiempo y para que sea inclusivo, es decir, la aceptación de otra forma de progresar, en armonía lógica con lo posible y con nosotros mismos, un “progreso” en los propios modos de hacer, una madurez en la forma de “crecer”. Porque no hemos de olvidar que los medios utilizados llevan implícito el fin al que se tiende, (los medios delatan el fin). Abandonemos esta especie de adolescencia social perpetua para pasar del crecimiento material a la madurez psicológica.



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Artículo recomendado:

Frente al abismo. Jorge Riechman

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Serie completa:
Capitalismo alimentario
Capitalismo ambiental
Miedo, mito y energía
Energía crítica
La cuenta del clima







2 comentarios:

comercio en opciones binarias dijo...

Gracias por este análisis muy completo e interesante. Completamente estoy de acuerdo con usted en el fondo. Pero, desgraciadamente pienso que para poner esto en aplicación haría falta una reeducación fundamental del género humano. ¡ No simple realizar!

Ecora ecorablog dijo...

Lo que está claro es que la sociedad no puede funcionar como un mercado de valores ni estar supeditada al mismo. El llamado capitalismo popular -un juego de suma cero en el que muchos pierden para que cada vez menos ganen mucho- no es sino una forma de ludopatía destructiva disfrazada de inversión útil. Al final del proceso especulativo los verdaderos valores mayoritarios cambiarán, como ya ha ocurrido en otras ocasiones, y la duda es qué nueva forma adoptarán en sustitución de esta sociedad comercial. Por ello es importante promover la difusión de lo que se va demostrando cierto, y abandonar las viejas formas de actuar en economía. Gracias por el comentario.

La continuación lógica de esta entrada y de estas ideas está en estas otras entradas:
Miedo mito y energía: http://ecorablog.blogspot.com.es/2012/12/miedo-mito-y-energia.html
Energía crítica: http://ecorablog.blogspot.com.es/2013/01/energia-critica.html