31 may. 2014

Revalorizar el tiempo libre

En El miedo a la libertad Erich Fromm utilizaba el ejemplo de la filiación fascista para explicar por qué muchas personas sienten apego hacia una obediencia que les aporte seguridad y significado. En gran medida el trabajo (en forma de empleo o por cuenta propia) está realizando una función parecida en nuestra sociedad. Cumplir con lo que se considera el deber aporta cierto sentido de pertenencia y relaja la conciencia, la necesidad de enfrentarse al problema de las decisiones y sus consecuencias más allá de un estrecho marco de opciones aprendidas. Hoy en día confiamos al mercado la elección de los empleos posibles y el valor de nuestra actividad, y lo demás es cumplir, (es “la obediencia debida”). Pero la lógica del mercado da prioridad a las sensaciones pasajeras y a una forma de socialización basada en las modas que renuevan continuamente las ventas. ¿Y si los efectos de su producción resultan dañinos para la biosfera, para la convivencia o para la salud psíquica de quienes trabajan en esa producción?

Richard Sennett, en La corrosión del carácter y en La cultura del nuevo capitalismo, explica cómo las actuales formas de trabajo flexible nos debilitan psicológicamente, nos dejan en una dependencia aún más coercitiva que la producción en cadena, y nos hacen perder cualquier reducto de vínculo personal con lo que realizamos, (nos sentimos ajenos a nuestro propio trabajo), siempre a punto de perder el sueldo y obligados a disputárnoslo. La ley del máximo beneficio para los propietarios lo decide todo continuamente dentro de nosotros. Y como nos sentimos extraños a lo que hacemos, buscamos recuperar la identidad y la vida social mediante un consumo insatisfactorio que como mucho nos entretiene pero que no puede mostrar lo mejor de nosotros mismos, nuestro potencial.

Sin embargo la salida no puede ser volver a una producción industrial con empleo masivo que la tecnología ha dejado obsoleta, ni aumentar una forma de producción ya insostenible. Tampoco nos aportaría nada una mayor saturación de sensaciones adquiridas a través de un consumo creciente. Más bien necesitamos mirar el problema de frente y asumir que lo que ahora toca es pensar en nuestra libertad, definir qué es lo que uno puede considerar valioso y actuar en favor de ello al margen de las relaciones económicas. Es necesario pasar del binomio formado por la servidumbre laboral y el ocio infantil a una forma de vida centrada en el tiempo valorado, en la actividad que uno pueda sentir valiosa por sí misma. La alternativa al abandono personal en la sumisión es la responsabilidad libre. Necesitamos apostar por una sociedad que permita esto, que ponga sus recursos al servicio de este fin compartido sin excluir a nadie de su posibilidad, que valore nuestro tiempo libre como la próxima conquista y una urgente necesidad.

Pero no es sólo una cuestión de responsabilidad. Existe un estrecho vínculo entre valores propios y motivación. Una vez rebasado cierto grado de suficiencia económica la motivación surge como una necesidad de la conciencia. (Y en no pocos casos manifestándose como una necesidad superior a la propia supervivencia física). Eso explica tanto las depresiones como las filiaciones irracionales cuando esa necesidad no se satisface de un modo saludable. ¿Y cómo podemos hallar una motivación saludable, autónoma, libre de inseguras dependencias?


Para que surja la motivación necesitamos hallar “motivos”, lo cual implica definir valores. Hay una estrecha relación entre valores y emociones. Revalorizar el tiempo libre consiste en volver a llenarlo de valores. Y si queremos que esto no suponga una nueva sumisión, será necesario buscar esos valores en relación con el pensamiento llevado a cabo por uno mismo. La reflexión ética es indisociable de una motivación autónoma. A partir de ahí podremos realizar nuestros valores (y realizarnos sin fin) llevando los mismos a la práctica por medio de alguna actividad (o activismo) en tiempo libre. 

¿Y qué hacemos con las dudas?

La palabra reflexión sugiere cuestionamiento o incluso autocuestionamiento. Y esto puede sonar contradictorio con la asunción de unos valores por los que se actúa decididamente. Pero aceptar valores no está reñido con reconocer la incertidumbre y la ignorancia que inevitablemente condicionan nuestro pensamiento. Basta con aceptar el carácter de “código abierto” de las conclusiones, y actuar sólo provisionalmente decididos mientras seguimos estudiando la realidad, aprehendiendo el conocimiento desarrollado por los demás y compartiendo visiones. No es una cuestión de certezas sino de actitud, de actividad ética, de inteligencia ética.

Pero hay más. Si algo demuestra el marketing y la propensión a integrarnos en modas es precisamente nuestro carácter de seres sociales y nuestra determinación cultural: el mercado necesita utilizar la información que nos llega a todos, la cultura compartida, para condicionarnos hacia los fines de su funcionamiento económico. Y obtiene resultados, certezas provisionales que nos deciden en un sentido u otro como consumidores o como espectadores. Por tanto será necesario dotar de contenido a esa dimensión social de nuestro ser al margen del mercado para que una motivación autónoma encuentre su camino de continuidad.

Nuestra reflexión ética cobra vida social cuando ponemos nuestras ideas en relación con otras, arriesgando una saludable 
expresión asertiva. Si además lo hacemos de un modo cooperativo o asociativo, habremos recuperado cierto vínculo social -una necesidad connatural al ser humano-, y esta vez no sería una pertenencia espuria, una pertenencia-refugio basada en apegos irracionales, modas o temores, sino una cooperación o un vínculo elegidos desde la individualidad consciente, con motivos.

De ese modo podríamos pasar, como también decía Fromm, del tener al ser.

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Este texto ha nacido de la confluencia de este blog con la excelente reflexión sobre la libertad llevada a cabo en La proa del Argo, y con las ideas reflejadas en la web de la asociación autonomía y bienvivir. Después de leerlo todo, y dada la gran afinidad de planteamientos, he aceptado la invitación a sumarme y a añadir mi punto de vista.

[Actualización 1/7/14] 
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