21/12/2011

Sobrevive la verdad

Se han publicado muchos libros contando e interpretando la guerra civil española y la posterior represión franquista. Cabe preguntarse cuáles de entre ellos perdurarán y serán seleccionados por quienes en el futuro quieran volver la mirada sobre ese periodo negro de nuestra historia. Cualquiera puede juntar palabras y explicar su particular visión, pero cuando alguien quiera ir a la verdad, a los hechos, no todo tendrá el mismo valor. En el honesto trabajo de quien se ha tomado la molestia de recorrer los pueblos escuchando recuerdos y mirando a los ojos de quienes vivieron de cerca lo que ocurrió hay una solidez mineral que dejará tendido su valor en la cuerda del tiempo cuando todas las vaguedades y las manipulaciones vayan cayendo. En el libro Desaparecidos sin causa no sólo se nos revela una zona hasta ahora blanca en el mapa sino que además se nos ofrece con el valor especial de la primera mirada. Y en el caso de muchas de las personas que cuentan aquí sus recuerdos, esta escucha será la única que haya tenido lugar.

Pedro González de Prado nos revela una parte del mapa pendiente y al hacerlo aparece una vez más esa verdad que suele taparse con la arena confusa de “una guerra y dos bandos” como en una película barata. Esa verdad nos habla de una despiadada represión sin resistencia, sin causa ni oposición, prolongada después de la guerra y extendida allí donde ni siquiera la hubo; una masacre que tuvo lugar aun cuando sus víctimas jamás hubieran empuñado otra arma que su palabra. La represión cruel e impune delata la verdadera intención de quienes iniciaron la contienda: el exterminio ideológico a través de la aniquilación de quienes se sentían libres para pensar y para hablar. Expresarse libremente es por tanto el mejor homenaje a quienes padecieron aquel genocidio. Hablemos pues. No sólo los testigos o los herederos de quienes murieron, no es eso. Hablemos todos quienes queremos sentirnos libres para pensar y para hablar. Sean quienes sean los antepasados de cada uno, (a menudo en ambos lados, a menudo engañados o presionados para alistarse, en ocasiones arrepentidos sin poder decirlo), todos somos -como creados de nuevo- permeables a la verdad, capaces de reflexión y responsables de enunciar la realidad que vemos. Erraron el tiro quienes creyeron que la verdad y las ideas incómodas mueren con las personas que las enuncian.

Más allá de interpretaciones, en este libro tenemos la realidad contada por quienes la vivieron. Son palabras silenciadas, memoria impedida, historia ocultada, voces que faltaban en nuestros oídos. Voces que necesitan altavoces para despejar aquel silencio del miedo. Si la justicia no pudo ser, si la reparación se negó, si hasta la memoria quieren exterminar a pesar de que los profesores enseñan el valor de conocer la historia, si la verdad aún puede molestar a alguien, eso es señal de que la verdad es necesaria: aún es necesario buscarla y darle voz. Seamos el eco necesario. Son reflejos de una hoguera antigua retenidos durante décadas. Lumbre que no pudo apagarse. Rescoldo pausado que en el campo inerte aún ofrece calor, crepitando sigilosamente, cuando los soldados ya se han ido pero los cuerpos siguen tendidos como cayeron.



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3 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno su cometario y muy acertado.

Cive Pérez dijo...

Ecora, en justa correspondencia incluyo tu blog entre los favoritos del mío. Debemos densificar las redes de la resistencia.

Salud

Ecora dijo...

Gracias. Comparto ese propósito. Un saludo.